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¿Quiste sebáceo sin grasa?…Mejor, quiste epidérmico.

Me llamó la atención en cuanto establecimos contacto visual. Era imposible no desviar la mirada hacia aquel montículo que rompía la armonía de su perfilada cara. No era de extrañar, porque aquel joven delgado tenía una mandíbula rectilínea. Sin traza de tejido graso ni descolgamiento, aquel bulto parecía apoyarse directamente sobre el hueso y solo una fina epidermis cubriéndolo.
Aquello había aumentando de tamaño de forma lenta pero sin pausa durante el último año y llegado este punto, estaba interesado en quitárselo.
A mis preguntas, contestó que no se había inflamado nunca y tampoco había expulsado material alguno, ni de forma espontánea ni por presión ejercida voluntariamente.
Lo que de lejos parecía un quiste epidérmico, de cerca se confirmaba por un casi inapreciable punto en su cúspide, que no es otra cosa que el característico orificio de comunicación con el interior.
Al tocarlo se desplazaba fácilmente y un ligero pellizco me permitió comprobar que no está adherido a su alrededor.
Se daban las condiciones para una extirpación con buen resultado estético; con una mínima incisión y sin romper la cápsula el quiste salió entero, sin pérdida de tejido dérmico.
Con el paso de las semanas la cicatriz era imperceptible y la cara había recuperado su aspecto armonioso.

Quiste epidérmico extirpado completamente y sin tejido dérmico adherido. La flecha señala el característico orificio de comunicación con el exterior.

Quiste epidérmico extirpado completamente y sin tejido dérmico adherido. La flecha señala el característico orificio de comunicación con el exterior.

El llamado popularmente quiste sebáceo es realmente un quiste epidermoide, epitelial o infundibular. Su contenido no es grasa sino queratina, la proteina que forma parte de pelo y uñas y que se desprende hacia el interior por descamación de la pared del quiste.
Este material se va acumulando, lo que le hace crecer y en alguna ocasión puede ser expulsado por el orificio de comunicación hacia el exterior. En quistes antiguos la queratina puede endurecerse y tornar a un color oscuro por oxidación. Habitualmente es blanda y blanquecino-amarillenta. El olor rancio no es agradable.

Pueden ser congénitos o adquiridos, sin diferencias entre ellos. Las lesiones adquiridas se producen por oclusión del orificio folícular y dilatación posterior del infundíbulo o por secuestro e inclusión de células epidérmicas por microtraumatismos. Las congénitas están relacionadas con la implantación del ectodermo en el momento del cierre de la cresta neural o de otras líneas epiteliales.

Se localizan con más frecuencia en cara, tórax y en zona genital y hay más predisposición entre varones.

Quiste epidérmico visto al microscopio. Se aprecia fácilmente la cápsula,queratina en su interior y mínimo orificio hacia el exterior. Extraido de publicación J.L.Rodriguez Peralto, J.Cuevas y R. Carrillo

Quiste epidérmico visto al microscopio. Se aprecia fácilmente la cápsula,queratina en su interior y mínimo orificio hacia el exterior.
Extraído de publicación J.L.Rodriguez Peralto, J.Cuevas y R. Carrillo

Complicaciones

Rotura: Bien de forma accidental o provocada por la presión voluntaria en un intento de vaciar el contenido. La salida del material hacia la dermis produce de forma inmediata una reacción a cuerpo extraño, cuya consecuencia es un aumento en pocas horas del tamaño del quiste, con inflamación y molestia.

Infección: La entrada de un gérmen al interior del quiste por el orificio puede desencadenar un proceso infeccioso. Se manifiesta por un enrojecimiento progresivo a lo largo de pocos días y crecimiento del mismo. La pared del quiste es un obstáculo para los mecanismos de defensa y la bacteria tiene facilidad para proliferar.
Dependiendo del agente infeccioso, de la ubicación del quiste y del estado de salud general, el proceso puede llegar a producir una gran superficie inflamada con fiebre y malestar (cansancio y escalofríos). He visto algún caso en antebrazo, con necrosis cutánea y gran cicatriz retráctil.

Por todo lo anterior queda dicho de antemano que no se deben “apretar” los quistes y ante la mínima sospecha de infección, comenzar con tratamiento antibiótico.

Casos especiales

El Síndrome de Gardner, es un proceso hereditario, donde los quistes epidérmicos son parte de un conjunto de alteraciones, y cuyo pronóstico viene marcado por la degeneración cancerosa de los pólipos intestinales.

Características del Síndrome de Gardner.

Características del Síndrome de Gardner. vía dermatología.cat

La trasformación de la pared del quiste epidérmico hacia carcinoma epidermoide  y otros tipos de neoplásias (carcinoma basocelular, enfermedad de Bowen, enfermedad de Paget, micosis fungoide, carcinoma de células de Merkel…) es extraordinariamente rara. Se debería sospechar ante una aceleración en el crecimiento o la no respuesta al tratamiento antibiótico de un quiste inflamado.

Existe una predisposición familiar a padecer quistes, sobre todo en cuero cabelludo, a nivel popular llamados “lobanillos” (la palabra sería sinónimo de quiste, si bien la gente la usa para referirse a los de la cabeza). Son indistinguibles de los quistes epidermoides pero histológicamente son distintos.
Los llamamos quistes tricolémicos (mal llamados triquilemales) o quistes pilares y no es raro que lleguen a desarrollarse más de 10 en el mismo paciente. Crecen rápido y para interesados en histología decir que el epitelio carece de capa granulosa y se origina entre la glándula sebácea y el músculo erector del pelo. No tienen comunicación con el exterior.

Como manejar un quiste epidérmico

Insistir en que nunca se debe presionar para extraer el contenido por el riesgo de rotura de la cápsula y menos cuando está inflamado. En este caso se pondrá tratamiento antibiótico, que si es de forma temprana, puede ser suficiente la administración de forma tópica. Aconsejo que el excipiente sea loción o gel, para evitar que una crema o pomada “hidrate” el contenido y aumente el volumen del quiste.

Si no se corrige la inflamación en los primeros días se pasará a la administración por vía oral.

La extirpación quirúrgica debe plantearse ante las siguientes circunstancias:

  • Tamaño del quiste: llegado a un punto de crecimiento en que produzca molestias.
  • Tendencia a inflamarse repetidamente
  • Motivos estéticos: dependerá de la valoración del paciente.

Imágenes: A. Briant from “Practice of cuteneous excisions”

Como norma general nunca se extirpará un quiste cuando esté inflamado; hay que dejar varias semanas para que el proceso “se enfríe”.

Si que será necesario evacuar el contenido por medio de una punción, si se ha acumulado material purulento en su interior o se ha formado un absceso por rotura.

Si el quiste no se ha inflamado nunca, una incisión mínima y superficial pone a la vista la cápsula y con una separación adecuada del alrededor, se deslizará hacia el exterior sin dificultad y evitando extraer tejido circundante.
Cuando no es así, se realizará la extirpación en bloque, que dejará una cicatriz más evidente.

No todo abultamiento es un quiste epidérmico. Existen muchos tipos de quistes y lesiones nodulares que no lo son. De hecho, el lipoma, verdadero acúmulo de grasa, es una lesión también frecuente; no es un quiste propiamente dicho y para un profano puede ser difícil de diferenciar.

Eduardo Lauzurica. Dermatólogo

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